Córdoba, un lugar ideal para visitar en el puente de diciembre

Córdoba, un lugar ideal para visitar en el puente de diciembre

Si estás pensando en un lugar perfecto como destino para el puente que tenemos en diciembre, en que el día seis cae a domingo y el 8, a martes, nosotros te proponemos que veas los patios de Córdoba, disfrutes de su gastronomía y su cultura que es mezcla de cristianos, árabes, judíos, etc. Todo un crisol que le da un aire especial y que no nos debemos perder. Además, Córdoba es la ciudad perfecta para disfrutar del puente de diciembre, ya que esta urbe andaluza no asegura prácticamente el buen tiempo y cualquier época del año, si la actual ola de frío nos respeta.

Y es que Córdoba es siempre una buena opción, no solo la ciudad, la provincia entera, característicamente dividida en dos partes por el río Guadalquivir, al igual que su capital, donde han dejado huella las culturas que la han poblado, es decir, la romana, la árabe, la judía y la cristiana, dándole una personalidad que es única.

Uno de los detalles que no podemos dejar de ver, por ejemplo, es el ejemplo de arquitectura roma que supone el Puente sobre el Guadalquivir, de la época del emperador Augusto. También hay vestigios de esta cultura en la en los ejemplares arqueológicos de los mosaicos procedentes del viejo anfiteatro imperial, donde hoy se encuentra la plaza de la Corredera. Además, en el Alcázar de los Reyes Cristianos podemos visitar un sarcófago romano construido en Roma en el primer tercio del siglo III, así como otras piezas valiosas en el Museo Arqueológico.

palacio

Detalle del interior del Palacio de Viana, en Córdoba.

De la época árabe, no podemos perdernos el monumento o espacio que da más fama a esta ciudad, la mezquita de Córdoba, ampliada en varias ocasiones durante su historia. Un recinto que debe ser siempre admirado por cualquier visitante con inquietudes históricas pero también culturales e incluso arquitectónica.

De la época árabe es también el Alcázar de los Califas, donde hoy se encuentra el Palacio Episcopal, pero del que quedan algunos vestigios especialmente en la muralla que da frente a la fachada occidental de la Mezquita. De esta etapa histórica son también los alminares y los baños. El más importante de estos está en la plaza del Campo Santo de los Mártires, y formó parte del Alcázar andalusí de Córdoba. También son conocidos los baños de San Pedro y el de la Pescadería.

Para conocer algo de la Córdoba judía, debemos visitar la estrecha calle de los Judíos, así como la sinagoga, un edificio de lo más discreto. Por su parte, la huella cristiana la veremos en los templos de la Magdalena, San Andrés, San Lorenzo, Santa Marina, San Pedro, Santiago, San Miguel, o San Nicolás de la Villa.

Pero tampoco podemos faltar a la cita con las plazas cordobesas y el jardín botánico, así como con sus palacios y casas solariegas. Para nosotros el imperdible debe ser el palacio del Marqués de Viana, una casa señorial vinculada desde los siglos XV al XIX al señorío y posterior marquesado de Villaseca. En 1873, la IX marquesa de Villaseca, viuda y única heredera de las propiedades del marquesado, entre las que se encontraba esta casa, se casó en segundas nupcias con D. Teobaldo Saavedra, hijo del Duque de Rivas, al que el Rey Alfonso XII concedió en 1875 el título de Marqués de Viana. Posteriormente, en 1980, la III marquesa de Viana, viuda y sin descendencia, vendió la casa a la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba. Actualmente, pertenece a la Fundación CajaSur. Viana ofrece la posibilidad de visitar una casa nobiliaria vivida y descubrir una evolución de estilos arquitectónicos, artes decorativas y ambientes relacionados con la aristocracia. Adentrarse en su interior es una invitación para transportarse a otras épocas, conocer la evolución en sus formas de vida, en sus gustos y en el importante papel que ejercieron estas élites de poder a lo largo de la historia. Sus costumbres y gustos estéticos quedan reflejados en las magníficas colecciones artísticas del palacio: cueros y guadamecíes, azulejos heráldicos, arcabuces reales, tapices, pinturas, porcelanas, muebles de diversos estilos, piezas arqueológicas…

La visita se completa con uno de sus principales atractivos: los doce patios y el jardín, cada uno con una marcada personalidad que enriquece el paseo con los más variados sonidos, tonalidades y aromas. El interior de la vivienda y sus patios se integran a la perfección, confiriendo al palacio una original armonía. El protagonismo de los patios ofrece la posibilidad de disfrutar de un entorno cambiante, proporcionando visiones y sensaciones distintas, en función de los distintos momentos del día y de la estación del año en que se visite.

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