Psicología o psicoanálisis: qué es qué

Todos conocemos estos conceptos y los tenemos asociados a una parte vital de la salud de las personas: la salud mental. Hasta hace unos años, se trataba de conceptos tabú y disciplinas sanitarias de las que no se hablaba abiertamente, debido a que estos saberes se ocupan del sufrimiento de las personas. Para muchos, psicólogo, psiquiatra o psicoanalista son la misma persona. Sin embargo, aunque tienen una finalidad similar, cada una de estas ramas difiere.

Si bien las tres coinciden en un punto final de la salud mental y se dirigen al sufrimiento humano en un intento de aliviarlo, aspectos como el cómo, el cuándo y el qué determinan las diferencias de cada disciplina, por lo que vamos a tratar de dilucidar la diferencia entre ellas acercándonos al abordaje que hace cada una de las disciplinas del sufrimiento de las personas.

Cabe señalar que dentro de la psicología clínica existen diversas orientaciones psicológicas como la cognitivo-conductual, la sistémica, la Gestalt o el psicoanálisis que se desempeñan en ella, siendo inclusiva en lo que a las orientaciones clínicas respecta. Por otro lado, existe exclusión de saberes: por ejemplo, un psicólogo clínico no es un psicoanalista, pero un psicoanalista puede ser un psicólogo clínico. Asimismo, un psiquiatra puede ejercer de psicoanalista si renuncia a los medios y los objetos que utiliza la psiquiatría. Sobre estas inclusiones y exclusiones, hablaremos en este artículo, centrándonos en la psicología y el psicoanálisis, con la finalidad de comprender mejor estas ramas que se ocupan de la salud mental.

Para los psicólogos, la curación de su paciente reside en la eliminación del síntoma que le aqueja; una vez se alcanza este objetivo, la terapia finaliza, aunque la persona se pueda considerar enferma o padezca un trastorno psicológico. En el caso de los psicoanalistas, la transformación subjetiva de la persona es el principal objetivo del tratamiento y, durante el transcurso de la terapia, desaparecerá el síntoma de forma secundaria al ser tratado el nudo subjetivo que lo provoca. El psicoanalista no considera que sus pacientes sean enfermos; tan solo se trata de personas que sufren y quieren cambiar ese aspecto.

Métodos diferentes con alguna similitud

Los profesionales de la psicología saben lo importante que es trabajar sobre el mundo psíquico de las personas, donde el síntoma tiene su sentido propio y único. El mismo síntoma no significa lo mismo para una persona que para otra, como nos explican los expertos en psicología de Madma Centro Psicológico, dedicados al bienestar integral de los adultos, los adolescentes y las empresas con terapias que se centran en los resultados con una misión que consiste en mejorar el nivel de bienestar global y potenciar el desarrollo personal. Lo que implica trabajar sobre el nudo, que no es otra cosa que el síntoma, para evitar que se produzca riesgo de reaparición en la misma forma o en otra diferente.

A modo de ejemplo, pensemos en alguien que padece ataques de pánico durante una temporada, acude al psicólogo y queda satisfecho al eliminar el síntoma mediante la terapia. Al cabo de un tiempo, desarrolla una fobia debido a que el problema profundo que provocaba esos ataques de pánico no fue descubierto ni tratado, por lo que ha seguido actuando.

En el caso del psicoanalista, la curación se produce con la modificación psíquica de la persona, lo que permite vivir bien al saber manejarse con los malestares inherentes a la vida.

Tanto el psicólogo como el psicoanalista trabajan con la palabra, pero el psicoanalista trabaja con la escucha del inconsciente de la persona, un método denominado asociación libre que permite a la persona que se escuche y asocie los pensamientos libremente. De manera que la persona y el psicoanalista acceden a los pensamientos inconscientes que residen en la raíz del malestar.

El psicólogo pretende fortalecer el yo del paciente, es decir, la voluntad y la autoestima, para poder controlar y gestionar el malestar que siente sin poner el foco en el origen profundo del mismo ni transformarlo, al no considerarlo operativo. Esto lo lleva a cabo mediante ejercicios, orientación y apoyo moral con el que se refuerza el control sobre las emociones. Además de reforzar las fantasías de la persona respecto a que puede alcanzar el control de la mayoría de sus emociones y reforzar la ilusión de que es posible eliminar el sufrimiento a consecuencia de los inevitables avatares de la vida.

Tanto el psicólogo como el psicoanalista necesitan obtener un fuerte compromiso por parte de las personas con el tratamiento psicológico para que produzca los efectos deseados. Ninguno de estos profesionales puede recetar medicación psiquiátrica, por lo que, de ser necesario recurrir a ella, el paciente tiene que pasar por la consulta del psiquiatra para que evalúe su necesidad.

El psicoanalista no diagnostica, no clasifica ni generaliza. No se adhiere a ninguna etiqueta diagnóstica como las que define el DSM-5. Los síntomas no se explican por sí mismos y hay que conectarlos con la estructura subjetiva de cada paciente para saber sobre los mismos. La singularidad de cada caso es fundamental.

Por el contrario, el psicólogo sí necesita un diagnóstico para saber el tipo de tratamiento a proporcionar. Puede llegar a utilizar herramientas diagnósticas durante las primeras visitas, ya que necesita tener un diagnóstico para poder decidir la forma de actuar. Estas herramientas son tests que evalúan los diferentes aspectos de la personalidad con base en los estándares. Utiliza manuales diagnósticos y realiza el diagnóstico con la descripción de los síntomas.

En el psicoanálisis, la persona tiene que dejar su postura pasiva y aceptar la responsabilidad subjetiva de lo que le sucede. Un paso primordial sin el que no se va a producir ninguna transformación subjetiva ni mejora. El psicólogo aspira a que el paciente reconozca y asuma su problema para cambiarlo, pero desde otra perspectiva voluntariosa que controla el malestar, sin intentar averiguar la verdad oculta en el problema.

Otras diferencias de la profesión

Ambos profesionales tienen una misma finalidad, como ya hemos comentado. El camino para llegar a ella difiere, como también hemos visto. Los psicoanalistas trabajan con el diván. Una vez que la persona se compromete con el tratamiento y se inicia el proceso de su subjetividad, lo más adecuado es pasar a trabajar en el diván, puesto que se consigue mantener una posición que ayuda a reelaborar y reflexionar sobre uno mismo sin sentir la presión que ejerce la mirada del otro, en este caso el profesional del psicoanálisis.

El psicólogo no recurre al diván. Puede trabajar incluso de forma online, cada vez más habitual. A pesar de las facilidades que las nuevas tecnologías aportan a nuestro día a día, el tratamiento psicoanalítico no se puede realizar de forma online, ya que no permite captar la parte inconsciente del discurso del paciente si no está físicamente en las sesiones. Por lo que es imprescindible el contacto semanal para que pueda producirse la necesaria transferencia entre el paciente y el psicoanalista.

Esto nos lleva a la formación de cada profesional. El psicólogo necesita estar en posesión de una licenciatura en psicología, pero no es necesario pasar por un proceso terapéutico o un análisis propio, algo fundamental para conocerse a uno mismo y no confundir lo que le sucede a uno mismo con lo que les sucede a sus pacientes. Aunque son muchos los que se preparan para su profesión realizando una terapia, lo que les permite acompañar a los pacientes en ese mismo proceso que realizaron.

El psicoanalista no necesita cursar estudios de psicología, pero sí ha realizado análisis propio con algún profesional durante años, de manera que le es posible orientar a esas personas que se encuentran en la misma situación, aunque cabe señalar que la mayoría de los psicoanalistas son psicólogos.

Un psicoanalista, para toda su vida profesional, formándose y con mucha probabilidad, pasa por diversos tratamientos psicoanalíticos con diferentes profesionales para su propia higiene mental, ya que el trabajo puede llegar a afectarle y verse afectado debido a que trabaja con emociones intensas y problemáticas. De manera que a lo largo de toda su vida profesional realiza supervisiones personales de la mano de otros profesionales y así poder mejorar la atención que ofrecen a determinados pacientes.

No obstante, hay cuestiones en las que la psicología y el psicoanálisis se pueden complementar. En el área clínica, laboral y jurídica se pueden ayudar considerablemente, mientras que existen otros ámbitos en los que no es posible y la psicoanalítica no predomina. La rama de la psicología predominante en el estudio de la mente es, desde hace unos años, la neuropsicología. Las corrientes psicoanalíticas no tienen prevalencia en las ramas emergentes como la psicología del tránsito o la aplicada al marketing, abordadas desde un punto de vista cognitivo, como sucede en la psicología deportiva.

Con todo esto, solo queremos decir que la psicología tiene diferentes ramas o caminos a seguir y que cada paciente tiene la libertad de optar por aquella rama que más le interese en función de su situación. El psicólogo online puede ser una excelente opción para residentes en el extranjero o personas muy ocupadas, mientras que el psicoanálisis puede ser lo mejor para las personas que quieren profundizar en su interior. Lo importante es mantener una buena salud mental.

 

 

 

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