Cuando perdemos un diente y lo sustituimos por un implante, y su correspondiente corona, tendemos a pensar que ya todo está resuelto. Hemos recuperado la estética y la funcionalidad de la boca. Sin embargo, si no llevamos un mínimo mantenimiento, corremos el riesgo de perder el implante, como nos sucedió con el diente, o encontrarnos con complicaciones aún peores.
Si bien un implante nos permite volver a sonreír y comer con naturalidad, no debemos olvidar nunca que el mejor diente es el diente natural. Es un órgano creado con una estructura adecuada al tipo de alimentación que lleva el ser humano. Que su interior, la pulpa, está atravesada por terminaciones nerviosas, que alertan al cerebro sobre el estado de salud del diente y está recorrido por vasos capilares que aportan los nutrientes necesarios para conservar la consistencia y fuerza de las piezas dentales. El diente natural se encaja a la perfección en la estructura maxilofacial, por medio de los huesos alveolares. Aunque no lo parezca, el diente es un órgano vivo.
Los dientes naturales solemos perderlos por una serie de malos hábitos y descuidos acumulados que hacen referencia al cuidado y limpieza bucal. La principal causa de pérdida de dientes en adultos es la periodontitis. Una evolución de la gingivitis. Una enfermedad infecciosa que afecta a las encías, y por la cual, la placa bacteriana penetra en el interior, infectando a la encía por dentro y erosionando la parte sumergida del diente y el hueso alveolar que lo sujeta. Hasta que llega un momento que la erosión es tal, que el diente se cae.
La causa principal de la gingivitis es una higiene dental insuficiente, prolongada en el tiempo, que puede agravarse por malos hábitos como el tabaquismo.
Si hemos perdido los dientes originales por no cuidarlos, quién no te asegura que pueda pasar algo parecido con los implantes.
Algunos tipos de implantes.
Antes de pasar a ver qué puede suceder con los implantes, si no los cuidamos, vamos a ver qué tipos de implantes existen, porque todos los implantes no son iguales.
El implante es un apósito sanitario que se introduce en el interior de la encía y que debe soldarse con la estructura ósea maxilofacial para que el diente artificial no se mueva en el masticado.
Respecto a los implantes, existen distintas opciones diseñadas para adaptarse a las necesidades de cada paciente. Una de las más utilizadas sigue siendo el implante de titanio. Se trata de un pequeño tornillo elaborado con titanio de uso médico que se inserta en el hueso maxilar para sustituir la raíz del diente perdido. Este material destaca por su excelente compatibilidad con el organismo, lo que permite que el hueso se una de forma natural a su superficie en un proceso conocido como osteointegración. Además de ser ligero, el titanio es resistente, soporta bien la fuerza de la masticación y no se deteriora con el paso del tiempo. Aunque su tasa de éxito es muy alta, en casos muy concretos puede favorecer la acumulación de bacterias o provocar reacciones alérgicas, lo que ha impulsado el desarrollo de otras alternativas.
Una de esas alternativas son los implantes de circonio, fabricados con un material cerámico blanco altamente compatible. Su principal ventaja, como señala la revista Gaceta Dental, es que reduce el riesgo de infección alrededor del implante, ya que su superficie dificulta la adhesión de la placa bacteriana. Desde el punto de vista estético, el circonio ofrece resultados más naturales, evitando el oscurecimiento de la encía en zonas visibles. Estos implantes suelen fabricarse en una sola pieza, lo que limita su versatilidad, pero los convierte en una opción interesante cuando se colocan implantes en la parte delantera de la boca o cuando existe riesgo de reacción alérgica al titanio.
Una novedad destacada son los implantes de carga inmediata. En este procedimiento, el implante se coloca junto con una prótesis provisional en la misma intervención o en un plazo muy corto. De este modo, el paciente recupera rápidamente la apariencia de su sonrisa. La corona provisional no ejerce presión directa sobre el implante, sino sobre la encía, lo que permite que el implante se integre mejor y más rápido. Sin embargo, esta técnica requiere unas condiciones médicas, en cuanto a la cantidad de hueso alveolar y la salud de la encía, óptimas, por lo que no es válido para todos los pacientes.
Por último, los implantes cigomáticos están pensados para personas con una pérdida severa de hueso en el maxilar superior. En lugar de anclarse en esta zona, se fijan en el hueso del pómulo, que ofrece una mayor densidad y estabilidad. Gracias a ello, se pueden rehabilitar dentaduras sin necesidad de injertos óseos complejos.
Posibles complicaciones.
Como venimos señalando desde el principio, la colocación de implantes no está exenta de riesgos.
Una de las más complicaciones más habituales es la perimplantitis. Tal y como explica el blog de Laboratorios Kin, esta patología consiste en una infección de los tejidos que rodean el implante, causada principalmente por la acumulación de placa bacteriana alrededor del mismo. Tras la cirugía, la encía necesita cicatrizar, pero si las bacterias penetran en la herida pueden adherirse a la superficie del implante y atacar tanto los tejidos blandos como el hueso alveolar. El resultado es una pérdida progresiva del soporte óseo que compromete la estabilidad del implante. Suele manifestarse con una inflamación de la encía, sangrado, supuración de pus, dolor al masticar e incluso movilidad del implante. Factores como una higiene dental deficiente, el tabaquismo, el consumo habitual de alcohol o enfermedades como la diabetes y el bruxismo aumentan el riesgo de padecerla. En fases iniciales puede controlarse con una limpieza dental profesional y el uso de antisépticos, pero cuando la infección avanza, puede requerir cirugía e incluso la retirada del implante.
Otra complicación posible es el llamado rechazo del implante, aunque en realidad no se trata, en la mayoría de los casos, de una reacción alérgica. La mayoría de los implantes están fabricados con titanio, un metal altamente biocompatible que rara vez provoca alergias. El problema suele estar en una mala cicatrización que impide que el implante se integre correctamente en el hueso. Enfermedades sistémicas mal controladas, antecedentes de periodontitis, alteraciones del sistema inmunológico o problemas de coagulación de la sangre, pueden dificultar la curación. El tabaco también juega un papel importante, ya que reduce el riego sanguíneo necesario para la regeneración ósea. A ello se suman factores mecánicos, como someter el implante a cargas excesivas durante los primeros meses o una calidad ósea insuficiente. Cuando el implante se mueve y no logra estabilizarse, la solución habitual es retirarlo, esperar a que el tejido sane y valorar una nueva colocación.
Por otro lado, existen riesgos menos frecuentes pero igualmente importantes, como la sinusitis o los daños nerviosos, asociados sobre todo a implantes colocados en la arcada superior. Una planificación inadecuada del implante o una falta de hueso pueden hacer que el implante se sitúe demasiado cerca de estructuras anatómicas sensibles. En estos casos, puede verse afectado un nervio, provocando dolor intenso, hormigueo o pérdida de sensibilidad en labios, encías o mejillas. También puede producirse una comunicación con el seno maxilar, generando cuadros de sinusitis. Aunque estas complicaciones son poco habituales, ponen de relieve la importancia de un diagnóstico preciso y de revisiones periódicas para evitar riesgos y garantizar el éxito de los implantes.
El mantenimiento de los implantes.
Precisamente, los implantólogos de la clínica Quintana 1 Dental, una clínica dental del barrio madrileño de Argüelles que lleva más de 35 años cuidando de la salud de la boca de sus pacientes, insisten en el blog de su página web de lo importante que es llevar un correcto mantenimiento de los implantes, para asegurar que nos sean útiles por mucho tiempo.
La base del éxito está en seguir una higiene dental diaria. En cepillarnos los dientes todos los días después de cada comida, emplear cepillos de dientes interdentales y usar hilo dental en, al menos, uno de los cepillados. El objetivo es minimizar la concentración de placa bacteriana. El que hayamos reemplazado el diente original por uno artificial, con su correspondiente implante, no significa que la placa bacteriana no pueda continuar haciendo estragos en nuestra dentadura.
Las revisiones periódicas en la clínica dental son nuestro principal aliado. Con implantes colocados en la boca, debemos visitar a nuestro dentista cada 6 meses o cuanto detectemos cualquier señal que pueda preocuparnos sobre la estabilidad del implante. En estas revisiones, el odontólogo testará el estado de salud de la encía y comprobará la correcta integración del implante. Para ello, si lo ve necesario, se apoyará en herramientas de diagnóstico por imagen, como radiografías o tomografías, y efectuará una limpieza bucal profesional que complementa la higiene dental que efectuamos en casa.
Con implantes dentales nuevos es un momento propicio para dejar de fumar. Ya hemos visto como el tabaco dificulta la cicatrización de las heridas y aumenta el riesgo de infección en la zona del implante.
Nuestra dieta, en estos casos, debemos variarla ligeramente. Limitando el consumo de alimentos duros y con un alto contenido de azúcar.
La durabilidad de los implantes implica un compromiso activo por parte del paciente.


