Divertidas Casualidades

Divertidas Casualidades

Hace unos meses instalé en mi casa un armario empotrado a medida que me hicieron, muy bien por cierto, en la empresa Sidón Armarios. Desde entonces, parece que el espacio de mi casa se ha multiplicado y por fin tengo el suficiente orden como para poder dedicarme a mi afición favorita, que es leer. Y de eso os quería hablar, de un libro que he devorado durante este puente de noviembre y que me ha encantado. Se trata de Más casualidades imposibles, de Josep Guijarro, que te cuenta las coincidencias más extrañas de una forma que no puedes parar de leer. Hoy os voy a contar las que más me impactaron y mejor recuerdo.

Protegidos y supervivientes

Hay personas que parecen estar cuidadas de forma especial por Dios. Como Tsutomu Yamaguchi, el hombre que sobrevivió a dos explosiones atómicas estando a tan sólo dos kilómetros del epicentro de la detonación, lo que significa que su cuerpo aguantó los quince millones de grados centígrados (algo del todo inexplicable en términos físicos) de la fusión de átomo. En los últimos cincuenta años, las personas que se han convertido en únicos supervivientes de un accidente aéreo apenas superan la decena. En ocasiones se salvaron porque salieron despedidos justo a tiempo, y otras veces por pura casualidad. Como la historia de Juliane Köpcke, que ha dado lugar a dos películas y recuerda mucho al argumento de Perdidos. Sucedió el día de Nochebuena de 1971. Viajaba a bordo del vuelo 508 de la compañía peruana LANSA con destino a la ciudad de Pucallpa, donde trabajaba su padre. Pero el avión nunca llegó a su destino porque se desintegró en el aire y se llevó la vida de los 93 pasajeros. Murieron todos… salvo la chica, que, a la sazón, contaba diecisiete años de edad. Salió despedida junto con su asiento, con tan buena “fortuna” que cayó sobre las frondosas copas de los árboles de la selva amazónica, que amortiguaron la caída. Cuando despertó, después de varias horas inconsciente, estaba en tierra, sentada sobre su butaca y en mitad de la selva. Durante días encontró restos del avión y de los pasajeros a lo largo de muchos kilómetros. Después de nueve días vagando por la selva fue encontrada por unos campesinos.

Números que se repiten

Un ejemplo de sorprendente repetición numérica con el 13 está asociado al célebre músico alemán Richard Wagner. Su vida parece estar ligada indisolublemente a este número. El compositor de la mítica ópera Parsifal, que tanto emocionó a los nazis, vino al mundo en un año  acabado en 13, concretamente en 1813, que es el mismo año en el que murió su padre de tifus, sólo seis meses después. La suma de las letras de su nombre y apellido da 13. Los números de su año de nacimiento (1+8+1+3) también suman 13. Compuso 13 óperas y, para colmo, falleció un día 13. Tiene bemoles la cosa, especialmente tratándose de un compositor. También el número 13 ha perseguido con insistencia al papa Francisco. Bueno, para ser justos, no sólo el 13, sino también el 3. Jorge Bergoglio fue designado sumo pontífice en 2013, concretamente el 13 de marzo (tercer mes del año). La fumata blanca se conoció a las 7 horas y 6 minutos hora de Italia (cuya suma, 7+6 es igual a 13). Las coincidencias no acaban en esta anécdota. A los 21 años, cifra que suma 3, decidió ser sacerdote. Fue ordenado el día 13 de diciembre de 1969. Ah, y fue elegido papa 13 días después de la renuncia de Benedicto XVI.

Vidas paralelas

Los hermanos gemelos y su extraña conexión han sido objeto de extensas investigaciones científicas. No sólo comparten el material genético en su totalidad, sino que suelen tender a la sincronía vital, a equilibrarse en un tira y afloja que los hace dependientes el uno del otro por esas afinidades escritas ya antes de nacer. Un ejemplo: durante un baile en 1973, dos hermanas gemelas, Ann Ross y Lynda Tomlinson, conocieron a los hombres con los que más tarde se casarían en una particular boda conjunta. Sus matrimonios duraron exactamente el mismo tiempo: cuarenta y tres años. El destino hizo que sus almas gemelas murieran con apenas un día de diferencia. Ron, al que se le diagnosticó en 2015 un cáncer de colon, murió el 7 de febrero de 2016, curiosamente el día después de su sesenta y cuatro cumpleaños, en el Royal Derby Hospital del Reino Unido, donde estaba siendo tratado de su grave enfermedad. En el mismo hospital falleció Derrick un día después. Sufrió un infarto complicado con un derrame cerebral y problemas renales que derivaron en un envenenamiento de la sangre. Murió a los sesenta y un años. Las dos hermanas enterraron a sus respectivos maridos el mismo día.

Sincrofatalidad: los gafes

La naturaleza humana lleva a muchas personas a relacionar la buena o mala suerte con la presencia de determinados objetos y personas, o la conjunción de algunas circunstancias concretas. Asombra comprobar cuánta gente culta, inteligente, preparada y racional cede a la tentación del miedo al gafe. Cuando surge la conversación (y surge poco, porque mencionar al gafe atrae la mala suerte), todos suelen disculparse: “No, yo no es que crea, pero es que Fulanito de Tal es tremendo, no sabes las cosas que pasan en cuanto aparece”. La mayoría de los casos son en realidad mala suerte. El gafe la reparte a su alrededor y él suele salir indemne del mal fario que irradia, una circunstancia que se relaciona íntimamente con la teoría de la serialidad de Paul Kammerer. Por ejemplo, existió una gafe de las embarcaciones y se llamaba Violet Jessop. Tenía veintitrés años cuando consiguió un trabajo de camarera a bordo del RMS Olympic. Mientras servía la cena a los viajeros de clase alta británica, el Olympic colisionó con un buque de guerra, el HMS Hawke. Por suerte, sólo se inundaron dos compartimentos y nadie salió herido en el percance. Pero debió ser una advertencia de lo que el destino le reservaba, porque en 1912 Violet trabajaba a bordo del célebre Titanic, y todos conocemos lo que le pasó al famoso crucero. Violet salvó de nuevo la vida y siguió embarcándose. En 1916, viajaba en el HMHS Brittanic cuando el buque chocó con una mina y se hundió en el mar. Como supongo que la experiencia es un grado, la mujer logró  saltar hacia los botes salvavidas y llegó a tierra firme sana y salva.