Hasta hace más o menos quince años, si alguien decía que iba a una clase de meditación o a una sesión de reiki, seguramente llamaría la atención y sonaría extraño para todo su alrededor. Estas actividades solían estar asociadas a un perfil de personas muy concreto, un nicho con intereses espirituales que el resto observaba con cierta distancia. Actualmente, esa mirada ha cambiado y las clases de yoga llenan estudios en cualquier ciudad española, la meditación guiada tiene millones de reproducciones en plataformas de streaming y las terapias complementarias han dejado de ser un tema de conversación incómodo para convertirse en una opción considerada por mucha gente cuando siente que necesita realizar cambios en su vida.
Los datos respaldan esa percepción con números que hablas de un cambio cultural profundo. Según un estudio de Reebok recogido por Cambio16, más de 5,6 millones de españoles practican yoga semanalmente, lo que representa el 12% de la población. En 2021, la industria del fitness y la salud creció en valor más de 2.400 millones de euros, y el boom del yoga fue una de sus principales causas.
Por qué ahora
El crecimiento de estas prácticas no es independiente del contexto. El estrés crónico, la ansiedad, el agotamiento emocional y la dificultad para desconectar son problemas cada vez más extendidos en la sociedad y el sistema sanitario convencional no siempre está bien equipado para abordarlos en su dimensión más cotidiana. Las personas que sienten que viven demasiado aceleradas, que no duermen bien, que cargan con tensiones que no saben cómo gestionar, buscan soluciones para las que una consulta médica no está preparada.
Las terapias complementarias y los centros de bienestar aparecen para ocupar ese espacio. No como alternativa a la medicina, sino como complementos que trabajan los puntos que la atención sanitaria suele dejar de lado. Según los datos que recoge Modelos de Plan de Negocios, el yoga solo mueve alrededor de 80 millones de euros al año en España y cuenta con unos 400.000 practicantes regulares, una cifra que sigue creciendo y que ha estimulado también el mercado de productos y servicios asociados a la práctica.
El salto al mainstream
Una parte del crecimiento se explica por la democratización del acceso. Las plataformas digitales han permitido que millones de personas se inicien en la meditación o el yoga desde casa, sin barreras económicas ni geográficas. Sin embargo, estas plataformas virtuales dejan de lado la experiencia del espacio físico compartido, el ambiente de un centro pensado para ese fin y el contacto con otras personas que están pasando por procesos similares.
Por esta razón, los centros de bienestar presenciales suman un valor específico. Según explican desde Vidaes, la demanda de terapias individuales como el shiatsu, la reflexología o las flores de Bach ha crecido de forma notable en los últimos años, con un perfil que ya no corresponde únicamente a un nicho específico, sino a una combinación de personas de distintas edades y experiencias, que llegan buscando herramientas para gestionar mejor su día a día.
El mercado global que hay detrás
Lo que ocurre en España forma parte de una tendencia global. Según el análisis de Proficient Market Insights, el mercado mundial de medicina alternativa y complementaria está experimentando un crecimiento acelerado, impulsado por el aumento de los problemas de salud mental, el interés creciente en enfoques no invasivos y la integración de estas prácticas en programas corporativos de bienestar y en centros educativos. La meditación, el yoga y el mindfulness son los segmentos de crecimiento más rápido dentro de ese mercado, con una expansión que se ha acelerado notablemente desde la pandemia.
Muchas empresas han incorporado sesiones de meditación o yoga como parte de sus programas de bienestar para empleados. Algunos centros sanitarios han empezado a recomendar prácticas como el mindfulness o la relajación consciente como complemento a tratamientos para la ansiedad o el insomnio. De esta forma. Se comienza a borrar la frontera entre lo alternativo y lo convencional, gracias a que cada vez hay más evidencia de que, si se utilizan terapias alternativas, se mejora la calidad de vida y se potencian las herramientas para gestionar el estrés. Hay que destacar que, a partir del reconocimiento institucional, el estigma que históricamente pesaba sobre este tipo de prácticas ha reducido considerablemente.
Qué busca quien entra a un centro de bienestar
No todo el mundo que se apunta a yoga busca lo mismo. Algunos van por los beneficios físicos, para mejorar la flexibilidad, el tono muscular y la postura. Otros se enfocan en el equilibrio mental, para tener un rato de silencio y desconexión. También hay personas que se acercan durante un período de crisis, buscando una solución que cure un problema que tiene más relación con lo emocional que con lo físico. Los centros modernos suelen proponer un espacio que cuenta con esta diversidad, sin encerrarse en la idea de un perfil que se comprometa con una idea espiritual que no le corresponde.
La oferta también se ha diversificado. En otro momento, la oferta no salía del yoga y la meditación. Sin embargo, ahora se puede elegir entre danzaterapia, coaching transpersonal, EFT, técnicas de respiración y hasta masajes con enfoques terapéuticos. Cada una de estas prácticas tiene su propia lógica y su propio perfil de usuario, y los centros más consolidados han aprendido a combinarlas de forma coherente en lugar de ofrecer un catálogo sin hilo conductor. Lo que une a todas ellas es la premisa de que el bienestar no se reduce al cuerpo físico y que hay formas de trabajar la salud que van más allá de la ausencia de enfermedad.
El reto de la credibilidad
La ausencia de una regulación clara para muchas de estas prácticas hace que convivan profesionales con formación sólida junto a personas que ofrecen servicios sin ningún respaldo. Esa falta de homogeneidad genera desconfianza en quienes se acercan por primera vez y complica la tarea de los centros que sí trabajan con rigor y con terapeutas formados. Es uno de los debates pendientes del sector, y su resolución determinará en buena medida si el crecimiento de los últimos años se consolida o si tropieza con su propio éxito.
Pese a ello, en la vida moderna las personas están precisando de espacios para poder desconectar con las exigencias diarias y, en ese sentido, lo que ofrecen estas terapias es ideal para encontrar un momento de calma. Esto no significa que se deje de lado la medicina tradicional, sino que se amplía el abanico de posibilidades y se comienza a comprender que la salud depende también del estado anímico y mental.


