Hipocresía Navideña

Navidad es la fecha perfecta para los compromisos ¿os habéis dado cuenta? A lo mejor hace meses que no ves a tu tía, y ni ganas tienes, pero como es Navidad hay que hacerle una visita, y lo mismo ocurre con comidas y cenas familiares en las que te juntas con personas a las que no ves durante todo el año.  Hay gente que lo hace de corazón, porque de verdad quiere ver a esa parte de la familia que hace tanto que no ve y aprovecha las fiestas como excusa para reunirse, pero hay otras personas para las que no son más que compromisos que deben cumplir sin ganas ni tiempo para ello.

El año pasado, por ejemplo, mi madre se empeñó en que teníamos que ir a comer a casa de unos parientes que no viven a más de 15 minutos de casa en coche y que no vemos en todo el año. De hecho, hacía tanto tiempo que no veía a esos parientes que la última vez que me los encontré por la calle y fui contenta a saludarles me dijeron que no sabían quién era… que les sonaba de algo pero no caían… ¿y tengo yo que ir a verlos  en Navidad? ¿Por qué? Es una soberana hipocresía, pero por tener la fiesta en paz con mi madre fui, lógicamente, sonreí, repartí besos y me aburrí como una ostra durante toda la comida. Ahora que, a juzgar por la cara de mis primos, creo que ellos estaban en la misma situación.

Lo más triste de todo esto es que cuando te obligan a hacer estas cosas con 12 años no te queda otra, pero cuando la adolescencia quedó allá por la era de piedra y estás rozando la treintena, que te obliguen a “cumplir” con cierta parte de la familia a la que no ves en todo el año me resulta ridículo.

El roce hace el cariño

Y es que como bien decía mi abuela “el roce hace el cariño” y me da igual si comparto genes con unos o con otros porque con las personas con las que quiero pasar estas fechas es con las que realmente quiero, echo de menos si no están, y con las que disfruto. Y me da igual si son familia cercana, lejana o amistades sin consanguinidad. Así de simple.

Lo malo es que en mi familia tienen la manía de que cada año es un familiar el que se encarga de la grata comilona y este año le ha tocado a mis padres que, como no tienen espacio para hacerlo en su casa, quieren hacerlo en mi campo.He intentado convencerles de que es una mala idea porque hará frío y comer al aire libre no es una buena opción, pero ellos aseguran que por el día se estará bien al solecito en el campo y que si hace frío nos ponemos las chaquetas. No lo pillan…

También intenté ponerles de excusa la limpieza, les dije, directamente que yo no pensaba recoger la basura de 30 personas comiendo y bebiendo durante todo el día pero mi padre me calló la boca contratando a esta empresa de servicios de limpieza en Barcelona para el día 26, así que solo tendré que aguantar la casa como una leonera el día 25, porque estoy segura de que mi casa va a parecer más un campo de batalla que un hogar ya que aunque comamos fuera, la comida se hará en la cocina, y el baño lo usaremos todos. En fin….

Felicitaciones virales

Ahora bien, si ya me pone de mala leche tener que cumplir con comidas y visitas navideñas poniendo buena cara cuando ninguna de las partes tiene ganas de estar ahí, lo que ya me saca de quicio es esa manía de mandar postales y buenos deseos por WhatsApp a toda tu puñetera lista de contactos. Vamos a ver… si quiero felicitar a alguien las fiestas lo hago personalmente, con un mensaje privado y a ser posible en persona o por llamada de teléfono, no mediante un mensaje viral que recibiremos todos unas trescientas veces sin ningún tipo de personalidad.

Como dice Isra García, mandar mensajes navideños a tuti plen “no nos hace mejores personas, ni a ti ni a mí. No redime nuestros pecados ni nos hace más comprometidos ni humanos”, solo un poco más hipócritas (añado yo).